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jueves, 21 de marzo de 2013

Beatriz Ferro


COSMOS

En el centro de la mesa
había rosas
rojo claro clarividente
fuerte fuego pasajero
alrededor
planetas de suflé
salsas, pan
carne asada
y manos que pasan la sal
el todo coronado
por el círculo leve
de las voces en ronda,
nuestra charla.
El tiempo,
el espacio, lo infinito
no tenían cabida
en nuestro personal sistema
planetario.

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MOSCA

Tengo una mosca que me sigue
como un animal encantado.
Voy a la cocina y ahí está
fastidiando.
Voy al baño y ella
se hace presente.
En mi cuarto la veo
visitando la lámpara por dentro,
orbitando la nada
arriba
abajo.
No sé por qué me sigue.
Hago mi vida;
no tengo qué ofrecerle.
Cuido que no venga a la cama.
Es algo torpe
menos grácil que otras.
Sola en este piso alto
es casi menos mosca.
Ha llegado a inquietarme
como un ave.
Casi pájaro en jaula.

(del libro "Versos de bakelita").

http://apoaenelmoyano.blogspot.com.ar/2013/03/el-aporte-de-cristina-lucero-beatriz.html

LIDIA ROCHA


Poema de Alba

En el hogar a leña
las brasas
se apagan o se encienden
según el fuego

frágil y ardiente
el despuntar del día
anhela el corazón
gentil
de una mujer,
de un hombre

qué le hace al amor
la diferencia
entre a y o,
un cambio de género
entre dos sustantivos

María Julia Magistratti


LA GALLINA



La gallina conoce el hambre de esos niños.
ve la madre
traer los frutos
en un canasto de moscas
y el hilo de la naranja
corriendo por el cuello
del más pequeño.

Ve la siesta de un pescado
sobre el fuego.
el silbido de los choclos
en la olla.

La gallina es la única que ve la muerte de todos
porque no puede mirar de frente.





Del libro EA (ediciones del Mono Armado, Buenos Aires, 2007)

GERARDO CURIÁ


QUEBRADO AZUL
a Alejandro Mendez Casariego
En el faro mayor de Buenos Aires
se quiebra el azul en arcoiris grises
que tocan a un hombre del insomnio
a la altura del asfalto sucio,
allí,
donde la sombra carga su soledad
como una astilla de carozo
condenado en el centro
de su propia existencia,
y el color se vuelve plomo, herida,
y el viento arrastra
esa humedad de barro.
Figura trasnochada
junto a mendigos que duermen
y el sol que amanece en gorriones de polvo,
silueta de edificios.
Quebrado azul
y la calle ancha
camina hacia el lejano puente
que atraviesa el Riachuelo,
en el límite último de las fábricas secas
donde viven las ratas
y el silencio es un chirrido de óxido
en el hierro de la máquina quieta.
Y el azul quebrado
penetra en los ojos del alma
donde reside la memoria de los muertos
con sus huesos como flores de luto
con su polen de miedo.
Y en la última esquina
el azul que quiebra en rojos
hacia el tórax,
metal en la entraña.
Asesinos con quince pesos en la mano.
Quebrado azul,
y más allá,
sobre la línea del sur y del oeste,
hacia el agua cae la calle,
el cuerpo endurecido de golpes de la noche,
hacia el negro del río.
En la costa gritan eriales cancerberos.
Azul,
azul quebrado, Buenos Aires,
justo en la médula
que trama el abandono
su exquisito desconsuelo,
donde te mirás la tristeza
con tus piernas abiertas
y tu húmedo pubis de borrasca infinita,
puta ciudad de la agonía.
Azul,
quebrado azul.
Textos extraídos de "QUEBRADO AZUL", Gerardo David Curiá. Ediciones Patagonia, Bs. As. 2004.

ROQUE DALTON



Roque Dalton: Por qué escribimos, 1961


Uno hace versos y ama
la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.

Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan , hijos enfermos,
abogados traidores
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.

Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.

Preguntarán qué fuimos,
quienes con llamas puras les antecedieron,
a quienes maldecir con el recuerdo.

Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.