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viernes, 8 de junio de 2012

Formación de lectores: ¿De qué depende?


POR LIC.  MÓNICA ECHENIQUE


Partamos de una idea simple: la escuela fue instrumentada para la lectura. La institución “escuela” fue creada en la Antigua Grecia para posibilitar que todos los habitantes estén alfabetizados para ser ciudadanos. Estamos hablando del siglo VI cuando los maestros de gramática preparaban a los ciudadanos.
Siguiendo el hilo de occidente en los años 1500 la Iglesia vincula la alfabetización con la formación cristiana provocando el surgimiento de las primeras escuelas parroquiales.
Una mirada al siglo XIX permite encontrar en la lectura un lugar destacado en la formación del ciudadano. Nuestro país desplegará una vasta literatura nacional que atravesará la escuela
Ya en la segunda mitad del siglo XX este vínculo de la alfabetización y  escuela pierde hegemonía al descubrir que hay otros lectores de cultura que suelen manifestarse con un mayor enriquecimiento y hasta llegan a ocupar un lugar opuesto al de la escuela.
Poco a poco se advierte que los sistemas educativos nacionales no son capaces de formar al lector moderno. Quizás lo testimonia un libro publicado en el año {54 titulado “Por qué Johnny no sabe leer” donde se descubre las razones pedagógicas del fracaso de la escuela americana en el desarrollo del método global en la lectura. Si bien cada país explicará de manera diferente el fracaso, podemos decir que este momento constituye el inicio de la crisis de la lectura.
 La década del ´60 nos encontrará con la presencia de la radio y la TV y el inicio de la incursión de los diarios en la vida escolar. Es decir que se considerará al periódico un valioso objeto cultural en oposición a los citados medios masivos de comunicación.
Ahora bien creo importante revisar los modos de leer en la escuela. Noe Jitrik dice que “la falta de crítica y análisis sobre la lectura y el acto de leer genera una pedagogía autoritaria que acostumbra /adiestra al lector a aceptar pasivamente lo que lee sin pretender discutirlo para convencerse de lo leído a considerar la crítica y el análisis como algo inútil y la relectura como algo tedioso, es decir a no involucrase en lo que lee, poniendo en juego sus saberes previos, a no gozar de la lectura”
La  literatura Infantil  tendrá que esperar varios años hasta la posibilidad el ingreso a la escuela. Aquí el escenario lo ocupará una lectura fragamentada, utilitaria unívoca que ubica al texto como fuente única, como la única voz sin tener en cuenta al lector. Una lectura utilitaria para extraer datos muchas veces lingüísticos, que pasa por la superficie textual sin preguntarse por el profundo sentido del texto, sin relación con otros textos ni con entramados culturales.
 La escuela fue intentando garantizar saberes , apostando al enciclopedismo en medio de la obligatoriedad del silencio y la prolijidad que debía reinar en las aulas.
Y si de reinados hablamos, el estudio dirigido ocupó el trono fuertemente dentro de las metodologías  pedagógicas de los setenta .Con su fórmula de dos lecturas, dos subrayados para arribar a un resumen se desplazó en ocasiones de los textos de divulgación científica  a los literarios bajo consignas de los manuales de diferentes mercados editoriales. Así  la lectura silenciosa como primer contacto con el texto se impuso como el modo de leer más valorado para luego pasar a fragmentarlo desde las diferentes voces del alumnado que demostraban de este modo su “nivel de lectura”
 la literatura infantil a las escuelas se encontró en las aulas  con  la frustración de saberse tratada con  la misma didáctica lectora que se aplicaba a los textos incluidos en los manuales de áreas ahora entregados junto con la planificación para el docente.
La pregunta entonces: ¿Cómo leer literatura en las escuelas?
Para ello tendríamos que dar como premisa que es posible leer literatura en el interior de una institución como la escuela. ¿De qué depende afirmarla? De algunos factores
1) En primer lugar entender  la Literatura como un acto que genera amplias significaciones desterrando aquel único sentido que se buscaba en la manera de leer. Siguiendo a Mabel Puccini: “la dificultad reside en incorporar un proyecto que se basa en el acto de leer alejado de la lógica instrumental en una institución como la escuela, en desplazar la lectura como deber a la lectura como placer en el doble sentido de conocimiento y deseo
 Es decir que el primer desafío es la transformación de esa mirada unívoca para otorgar la libertad de sentidos que generan los textos
2) En segundo lugar y de la mano de lo primero se deben reforzar los espacios de formación y capacitación docente que aseguren ese enfoque didáctico. En este sentido en el año 2002 se creó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el Postítulo de Especialización Superior en Literatura Infantil y Juvenil. Su dictado fue en el CEPA y contó con la coordinación del Dr. Gustavo Bombini y la Prof. Alicia Cantagalli, ante el fallecimiento de Maité Alvarado. En su cursada los docentes recibieron conferencias, talleres y abundante marco teórico brindado por docentes de la talla de Marcela Carranza, Cecilia Bajour, Gloria Fernández, Grisel Piris y Juan Groissman.La asidua palabra directa de los escritores fortaleció la especificidad de esta capacitación que logró formar profesionales idóneos tanto para el desempeño en instituciones como en espacios no formales.
 Su cierre en el año 2009 dejó huérfanos a cientos de docentes que esperaban formarse en este postítulo contagiados por el conocimiento, la actitud y la acción de los colegas docentes ya especializados.
  Sabemos que algunas Universidades como la de La Plata, EL Camahue, Mar del Plata y San Martín dictan cátedras de Literatura Infantil y Juvenil dentro de las carreras de Letras. A veces los docentes encuentran propuestas breves de enriquecimiento en estas áreas en alguna de las universidades citadas. Pero a los efectos de un mayor aporte entiendo que la didáctica de la Literatura Infantil deberían incluirse como o materias obligatorias en los diferentes Profesorados de Enseñanza Primaria.
Mientras tanto buscando sumar espacios de fortalecimiento en la investigación de los escritores argentinos de Literatura Infantil y Juvenil se crea el 15 de febrero de 2012 la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil que se hermana con las respectivas Academias de otros países latinoamericanos

3) Por último necesitamos que las políticas educativas revisen su accionar asumiendo que no es importante sólo dar libros a los chicos. Que en tal caso si la escuela no puede enseñar el acto de leer ya que es un acto personal, tiene que enseñar el acto de crear la sociabilidad de la lectura. Es imprescindible trabajar en la recuperación o construcción de prácticas lectoras tendientes a la apropiación de los bienes culturales. Se trata de desarrollar la cultura del libro y proponer al docente adscribirse como mediador cultural.
  La lectura implora por un espacio diferente de encuentro con el texto opuesto al encasillamiento de décadas atrás.
Se trata de pensar en un cambio de sendero que signifique dejar la ruta lineal para atreverse a entrar a una polifonía de rutas posibles sabiendo que saltar las barreras represivas permitirá formar a los niños en la pasión por leer que habita en cada uno de ellos y que les habilitará a formar su propio trayecto lector
programa emitido el 07/06/2012

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