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jueves, 17 de julio de 2014

ESPACIO PARA NIÑOS


ESPACIO PARA NIÑOS

POR OFELIA FUNES
Cuando Daniel me pidió que trajera (a este espacio radial "Luna enlozada") un poema para niños pensé en los que había leído cuando era chica, 2do., 3er. grado de entonces, en mis primeros libros de lectura. Entonces me di cuenta que algunos de ellos me habían acompañado a lo largo de mi vida. Comentando sobre este tema con amigos que pertenecen a mi generación coincidimos, todos recordábamos, por ejemplo, “El hornero” de Leopoldo Lugones, “Caballito criollo” de Belisario Roldán, aún los podíamos repetir de memoria, aunque más no sea las primeras estrofas. Recordábamos su música, las imágenes que nuestra mente creaba mientras los aprendíamos de memoria para recitarlos frente a nuestros compañeros de clase, y cada uno de ellos, a su vez, imaginaba un caballito heroico atravesando los Andes y un hornero fiel y trabajador, y un poeta que pedía ser hornero para hacer su casa cantando.

Estos recuerdos trascienden la simple anécdota, la poesía que nos dejaron nuestros mayores, con su música y sus imágenes educaron nuestra sensibilidad, despertaron nuestra capacidad de asombro, incentivaron nuestra imaginación, tan necesaria para la actividad del hombre. Nos enseñaron a reconocer que en lo más pequeño habita toda la grandeza del cosmos, que somos parte de la naturaleza, y así amarla, respetarla.

La poesía, con sus armonías, con sus imágenes, muchas veces sin significado lógico, pero con un tremendo sentido que logra penetrar hondamente en la realidad, se hace parte de nuestra memoria, nos habita, toca nuestras cuerdas más sensibles, nos pertenece.

El poema que elegí, lo encontré en una Antología de María de los Ángeles Serrano: Voces de la Infancia. Poesía argentina para chicos. Es el poema con el que comienza el libro, se llama “Ronda de Enanos” y es de Leopoldo Lugones. En él Lugones ya no es un abuelo que trasmite una serie de vivencias muy tiernas, sino que es la voz de un niño que está jugando; es el poeta que se permite dejar asomar al niño que lleva dentro.



RONDA DE ENANOS
I
Los enanos en la arena
hacen ronda con la nena.
Ronda, ronda que te ronda,
y la luna bien redonda.
Ronda que ronda rondón,
y a cada enano un turrón.
Ronda que ronda rondel,
y a la nena un cascabel
de oro fino y del mejor,
que la nena es un primor.
Ahora pasa cada enano
con la nena de la mano.
A unos el nombre les sé,
de los otros me olvidé.

II
Ahí viene el enano blanco
que baila en un solo zanco,
de punta sobre su pata
como un trompito de plata.
Colgado de un hilo en vilo,
baila sin pausa ninguna,
y el ovillo de la luna
pone el hilo.

Ahí va el enano Bamboche
vestido de negro noche,
con su carota borracha,
como una gran remolacha.
Y en el rico terciopelo
de jubón, trusa y chinelas,
terciopelo y lentejuelas
pone el cielo.

Ahí viene el enano verde
que parece un renacuajo,
con su boca como un tajo
y una manzana que muerde
con los dientes de cristal
y un colmillo de metal.
Éste es el enano Alfil,
el que toca el tamboril.

Ahí va el enano amarillo
con sus piernas de tornillo,
su barriga de acordeón
y su morrión fanfarrón.
Ya a compás la ronda gira
con la música que da
cuando encoge y se estira:
Tira lira liralá.

Ahí va el enano Meñique
de manitos de alfeñique
que usted se puede comer
porque vuelven a crecer.

Éste es el enano azul
que guardado en un baúl
tiene el príncipe Gandul
que reina sobre el Kabul.

Ahí viene el enano rojo
montado en un ganso cojo
porque sufrió una avería
en una juguetería.
Y el enano anaranjado,
y el enano violeta,
el que tiene la chaqueta
de clavel disciplinado…

Ronda que ronda rondín
y ahora pasan al jardín.

III
Miren aquel de los rizos
que son granizos postizos.
Y éste que ata con neblina
sus barbas de escarcha fina.
Y la nena que, traviesa,
rulos y barba les mesa.
Cada cual lleva un farol,
la nena un chal tornasol,
el escarpín de charol,
la caperuza de encaje,
y un enanito de paje,
soplando en un caracol.

Leopoldo Lugones

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